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La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy

by Laurence Sterne, translated by Javier Marías

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"Aparece en Tristram Shandy , mi libro preferido. Incluir a De nasis en mi lista ha sido, ahora me doy cuenta, mi forma de poder acabar nombrando la novela de Laurence Sterne, que no sólo fue y sigue siendo muy importante para mí, sino que, encima, es una especie de talismán personal; necesito que esté ahí en las ocasiones que lo merecen, como ésta misma. Para colmo, es un talismán que da juego, quiero decir que siempre da conversación, ¿o no ha provocado, por ejemplo, que ahora usted desee averiguar lo que su nariz dice sobre mi personalidad? Le confieso que no puedo ayudarla en esto, pero sí hablarle de una frase que encontré en Movimiento perpetuo , de Augusto Monterroso, y que habría podido encontrar usted en De nasis, si existía ese libro. En el magnífico libro de Monterroso se puede encontrar “un ensayo sobre los tres únicos temas importantes de este mundo: la vida, la muerte y las moscas”. Monterroso es un autor que le recomiendo encarecidamente. Y Movimiento perpetuo fue en su momento aspirante a pertenecer a esta lista de cinco títulos. La frase dice así: “La mosca que hoy se posó en tu nariz es descendiente directa de la que un día se paró en la de Cleopatra.” No exactamente. Pensé: ahora lo comprendo todo, es decir, ahora entiendo por qué llevo unos cuantos años obstinado en leer libros, como si el buen curso de mi vida dependiera de esa afición. No recuerdo haber tirado nada por la ventana. En cuanto a la realidad y la ficción, las veo como una pareja de viejos cónyuges. De hecho, así aparecen en un capítulo de Mac y su contratiempo , mi último libro. Ahí se habla de dos italianos que dialogan en la barra de un bar de un hotel suizo. Son dos italianos trastornados por el paso del tiempo y por la soledad. Baresi parece encarnar el mundo de los escritores de ficción –el de los que creen que un relato que cuenta una historia verídica es un insulto al arte y a la verdad– mientras que el otro, Pirelli, parece el representante de los que piensan que la realidad se puede reproducir con exactitud y por tanto no ha de ir entrecomillada, puesto que verdad sólo hay una. Reality Hunger me parece una anti-novela construida con citas literarias que discuten los conceptos de originalidad y autoría, algo con lo que, por supuesto, estoy totalmente de acuerdo, puesto que no ha existido nunca la originalidad, que es tan sólo un puro y simple fetichismo. Cuando decimos originalidad hablamos de una fantasía de Platón para quien el mundo mismo es una copia. El realismo cree estar copiando lo real cuando en verdad sólo está copiando la copia de la copia de una copia. Pero David Shields da por hecho la muerte de la novela, y ahí ya no estoy tan de acuerdo. Precisamente Mac y su contratiempo gira en torno a la impresión de que no hay progreso ni cambio en literatura, sólo repetición. Mi libro pone en cuestión algunos tópicos sobre los escritores. Como, por ejemplo, el mito de la necesidad de que un narrador tenga una “voz propia” cuando en realidad no existe esa voz tan singularizada, sólo hay ventriloquia; no hay identidad, solo máscara. Es que se habla mucho de la crisis de la novela, pero no se plantea bien y en España, sobre todo, está lleno de “ofendidos” y horrorizados con la metaficción, como si ésta no viniera precisamente de El Quijote y como si los disidentes en novela pretendieran desterrar del país al catolicismo entero. Y es que, aunque que pretendieran eso, ya es extraño que nadie encuentre raro ser católico y lo contrario en cambio sí que les parezca raro. En fin, que yo creo que no se plantea bien el tema de la crisis de la novela. Porque lo que se tambalea ya hace décadas no es la novela individual, que puede ser buenísima, sino la novela como género. En el XVI, uno de los géneros básicos era el soneto petrarquista, género que se derrumbó hace siglos. En el XIX, la novela era como el soneto de Petrarca en el XVI, era el gran género y se hundió claramente a principios del siglo pasado con Joyce, aunque lo llamativo es que muchos novelistas no parecen haberse dado cuenta, quizás porque el público sigue consumiendo novelas digamos convencionales. “Cuando te pones a estudiarla, ves que Duras fue de esa clase de autores que no te dejan indiferente: o la odias o la amas, pero es imposible cualquier término medio” Como decía Bolaño, se puede seguir escribiendo ese tipo de novelas pero es una forma de narrar que ya está acabada hace tiempo. Y aquí quiero aclarar que, por supuesto, la posibilidad de escribir grandes novelas como las de Tolstoi sigue existiendo, como la posibilidad de escribir grandes sonetos. Pero eso no quita que el problema que tienen los novelistas actuales es simplemente no seguir con el “género novela” tal y como se formó en el XIX y buscarle otras posibilidades. Esa búsqueda, debo decir, es algo apasionante y permite, ya desde hace casi un siglo, no aburrirse a la hora de novelar. Pero desquicia a los que no saben ver que quienes inventaron el realismo literario (Balzac, Dickens, Flaubert…) no llegaron a creer nunca en él. No eran precisamente imbéciles, así que les imagino sabiendo que el realismo no era más que un medio, una convención, y en consecuencia pasándoselo en grande al ponerla en aprietos, siempre conscientes de que manejaban los hilos de un inevitable y fascinante simulacro (lo que también llamamos ficción). ¿O acaso no conocían todos ellos perfectamente obras tan divertidas y sabias de la tradición española e inglesa como El Quijote o Tristram Shandy , donde se evidencia que el lenguaje no es algo que representa la realidad, sino algo que la hace y la deshace?"
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